Un reloj para el capitán
Para intentar solucionarlo, los mejores astrónomos de Europa proponían métodos basados en observaciones celestes complicadísimas. Había observatorios, comisiones y hasta premios millonarios. Todo el mundo buscaba la solución mirando al cielo. Entonces apareció un hombre llamado John Harrison. Ni siquiera era astrónomo. Era relojero. Y dijo, como relojero, que tal vez el problema no era

