Un reloj para el capitán

Por siglos, los marinos calcularon su latitud observando las estrellas. La longitud, en cambio, era otro asunto: saber cuán al este o al oeste estaba un barco, era muy difícil. Tanto, que provocaba naufragios con cientos de miles de pérdidas humanas. El problema no parecía tener solución.

Para intentar solucionarlo, los mejores astrónomos de Europa proponían métodos basados en observaciones celestes complicadísimas. Había observatorios, comisiones y hasta premios millonarios. Todo el mundo buscaba la solución mirando al cielo.

Entonces apareció un hombre llamado John Harrison. Ni siquiera era astrónomo. Era relojero. Y dijo, como relojero, que tal vez el problema no era astronómico. Y que si un barco pudiera llevar consigo la hora exacta del puerto de partida, comparándola con la hora local, podría calcular la longitud.

Finalmente, los cronómetros de Harrison resolvieron el problema de la longitud y cambiaron para siempre la navegación mundial.

Me gusta esta historia porque muestra algo que ocurre en la ciencia, en el arte y en la vida intelectual: muchas veces no resolvemos porque insistimos en la pregunta equivocada. Cuando no se sabe por dónde seguir, a veces es bueno escuchar al que ni debería estar presente.

Lo digo porque éste es el primero de mis Apuntes para una Astrología Literaria, y no soy astrólogo, ni psicólogo, ni coach, ni astrónomo psíquico cuántico.

Soy editor.

Editor de libros, revistas, folletería, documentos en cualquier formato y en cualquier idioma. Ya hace casi veinte años que mi rutina no oscila entre planetas y símbolos zodiacales sino entre párrafos y símbolos ortotipográficos.

Pero la astrología me apasiona de la misma forma en que al relojero de nuestra historia le apasionaba la astronomía. Y creo que pude ver en ella, a raíz de mi costumbre como editor, algo que está a la vista de todos; pero es a la vez invisible a causa de que todos están mirando hacia otro lado.

Por eso escribí el Manifiesto de la Astrología Literaria; y por ello continuaré exponiendo lo que he llamado “el hallazgo” a lo largo de millares de apuntes que iré desparramando en este blog.

Gracias y espero verte pronto de nuevo.

Referencias

Andrewes, William J. H., ed. The Quest for Longitude. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1996.

Howse, Derek. Greenwich Time and the Discovery of the Longitude. Oxford: Oxford University Press, 1980.

Sobel, Dava. Longitude: The True Story of a Lone Genius Who Solved the Greatest Scientific Problem of His Time. New York: Walker & Company, 1995.

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